Por Sandra Miguez
El hombre que está delante de mí compra dos zanahorias, dos tomates, unos gramos de queso, un par de galletas, un caldito y un paquete de fideos. El kiosquero le dice que se gastó toda la plata. El vecino, cliente habitual del lugar, suele comprar un solo producto por vez. «Es que hoy cobré», remata el señor.
La escena cuenta lo que muchas personas sostienen: no llegar a fin de mes. Las principales encuestadoras del país, como Zentrix Consultora, revelaron a octubre de 2026 que dos de cada tres argentinos -del 65 al 68,8 por ciento- afirman que sus ingresos solo les alcanzan hasta el día 20 de cada mes. La cifra trepa al 72 por ciento entre los menores de 40 años y al 83,3 en los sectores de clase baja. Además, el 86,1 considera que sus ingresos pierden frente a la inflación y el 56,2 por ciento debió endeudarse o usar tarjeta de crédito para subsistir.
Ante este escenario, se multiplican los testimonios de personas que deben saltear comidas, que encuentran cada vez más dificultades para sostener una dieta equilibrada y que ven cómo la carne, un alimento históricamente central en la mesa argentina, se vuelve un producto de acceso restringido. Alimentarse de manera adecuada, una necesidad básica, resulta cada vez más difícil de garantizar.
Pero la restricción no se limita a la comida. Muchos hogares deben optar entre pagar los costos de la vivienda, comprar alimentos o sostener tratamientos médicos. El gasto en salud aparece como uno de los rubros más difíciles de afrontar, incluso para quienes cuentan con obra social o prepaga.
Estrategias de supervivencia
Estadísticas del informe global «Un hogar, pero ¿a qué costo?«, publicado por la prestigiosa organización internacional sin fines de lucro Hábitat para la Humanidad (HPHA) sostiene que en Argentina el 83 por ciento de las personas consultadas redujo gastos esenciales, como alimentos, medicamentos y servicios públicos, para poder sostener el pago de su vivienda. Además, el 34 por ciento tuvo que elegir entre afrontar los costos de vivienda o cubrir necesidades básicas como alimentación, vestimenta y medicamentos, mientras que el 38 por ciento redujo sus compras de productos esenciales y alimentos. A su vez, el 37 por ciento recurrió a sus ahorros para afrontar los gastos corrientes del hogar y el 35 por ciento tuvo que buscar otro empleo o ampliar su jornada laboral para compensar la pérdida de poder adquisitivo.
Es la salud, estúpido
Los recortes en salud y la pérdida de poder adquisitivo se reflejan en los monitoreos de farmacias y colegios profesionales del sector. En distintas provincias, como Buenos Aires y Misiones, se advierte que muchas personas dejaron de comprar medicamentos por caja y comenzaron a adquirirlos por blíster, ajustando las cantidades a lo estrictamente indispensable.
Los informes sectoriales también señalan caídas de entre el 20 y el 25 por ciento en las ventas de medicamentos, una tendencia que compromete incluso el acceso a tratamientos crónicos y esenciales. La situación afecta especialmente a las personas mayores que alquilan, cuyos ingresos deben cubrir los aumentos acumulados de los medicamentos y la vivienda, con un margen cada vez menor para afrontar otros gastos básicos, como la alimentación.
Los altos precios y la falta de cobertura en salud sitúan a muchas personas a afrontar gastos que no pueden pagar. A estos obstáculos se agrega además las deficiencias en el suministro público, que generan faltantes y pueden interrumpir tratamientos. Estos obstáculos afectan especialmente a los sectores de menores ingresos y dificultan que millones de personas accedan a los tratamientos que necesitan, con consecuencias directas sobre su salud y sus posibilidades de vida.
Falta de medicamentos: cierre del Remediar y el incumplimiento de laboratorios como Pfizer
El Gobierno nacional redujo drásticamente la cobertura del histórico Plan Remediar, que distribuía 128 medicamentos esenciales a centros de atención primaria de todo el país, y lo reorientó hacia un esquema limitado a seis principios activos destinados al tratamiento de enfermedades cardiovasculares: aspirina, atorvastatina, candesartán, hidroclorotiazida, ramipril y rosuvastatina.
La medida dejó fuera de la provisión gratuita nacional fármacos de uso frecuente, como amoxicilina, metformina, levotiroxina, salbutamol y anticonceptivos. A esto se suma que el presupuesto del programa registró una caída real del 72 por ciento entre 2023 y 2026.
El recorte traslada una mayor responsabilidad a las provincias y los municipios, que deben afrontar la compra de medicamentos con recursos propios, en un contexto de restricciones presupuestarias, costos crecientes y dificultades administrativas. Mientras tanto, las personas sin cobertura de salud enfrentan mayores obstáculos para acceder a los tratamientos y deben destinar una proporción cada vez mayor de sus ingresos a la compra de remedios.
Los nombres de estos medicamentos son familiares para quienes conviven con enfermedades crónicas no transmisibles y dependen de ellos para sostener sus tratamientos. A este escenario se suma la interrupción del suministro de levodopa/carbidopa, utilizada para tratar la enfermedad de Parkinson, que provocó una crisis de abastecimiento en Argentina.
El problema comenzó a agravarse en agosto de 2026, cuando empezó a escasear Lebocar, el medicamento de Pfizer que concentra aproximadamente el 65 por ciento del mercado argentino de esta combinación farmacológica. La situación repercutió también en otras marcas, ya que los laboratorios que continúan produciéndolas no pudieron absorber de inmediato toda la demanda.
Pfizer atribuyó la interrupción a demoras en la manufactura y aseguró que trabaja para restablecer el suministro en el país. La compañía recomendó que las personas en tratamiento consulten con sus médicos antes de realizar cualquier modificación en la medicación. Sin embargo, el faltante expone las consecuencias que puede tener la interrupción del abastecimiento de un medicamento esencial cuando no existen alternativas suficientes para responder de inmediato a la demanda.
Sin embargo, Pfizer no detalló públicamente cuál fue el problema específico de fabricación, qué lo originó ni qué medidas adoptó para evitar que vuelva a ocurrir. La falta de información deja abiertos interrogantes sobre las causas del desabastecimiento: si responde a problemas de disponibilidad de materias primas, a razones económicas o a una eventual decisión de la empresa respecto de su permanencia en el mercado argentino.
Los especialistas advierten que la interrupción abrupta del tratamiento con levodopa/carbidopa puede provocar un deterioro importante y complicaciones graves. El problema se agrava porque Pfizer concentra una parte significativa del mercado argentino y los demás laboratorios podrían no tener capacidad suficiente para cubrir la demanda de manera inmediata.
Ante esta situación, la Red Argentina de Parkinson reclamó al Ministerio de Salud de la Nación información precisa sobre las causas del faltante, las existencias disponibles y los plazos para normalizar el suministro. También pidió conocer si la producción de otros laboratorios alcanza para responder a la demanda y evaluar importaciones excepcionales como alternativa de emergencia. La organización cuestiona la falta de un plan de contingencia que garantice la continuidad de los tratamientos mientras persiste el desabastecimiento, una situación que vuelve a poner en discusión la capacidad de respuesta del sistema de salud pública ante la falta de medicamentos esenciales.
El hombre en el kiosco
Cobrar no significa necesariamente poder vivir con tranquilidad, comer bien, pagar la vivienda o comprar los medicamentos que hacen falta. A veces, significa apenas tener la posibilidad de llevar algo más que un producto por vez.
Cuando los ingresos no alcanzan, las necesidades básicas dejan de ser derechos que deberían estar garantizados y se convierten en cuentas que hay que hacer todos los días. Y la pregunta que queda abierta es cuántas cosas esenciales puede resignar una persona antes de que la urgencia económica se convierta también en un problema de salud y el Estado siga sin hacerse cargo.












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