Graciela Frigerio: “Sobre educación se conversa poco; se juzga, se castiga y se humilla”

La educadora e investigadora Graciela Frigerio analizó el escenario actual de la educación argentina y advirtió que el problema excede a las escuelas y las universidades. En una entrevista con el programa Y de repente la noche, planteó que el debilitamiento de las instituciones públicas, del lazo social y del reconocimiento afecta también la relación de las personas con el conocimiento. “Estamos ante un retroceso de algo propio de la condición humana: el deseo de saber”, sostuvo.

La discusión sobre la educación argentina suele quedar atrapada en los resultados escolares, los salarios docentes, las condiciones edilicias o los niveles de aprendizaje. Para Graciela Frigerio, educadora e investigadora, ese recorte impide observar una transformación más profunda: lo que está en juego es la posibilidad misma de sostener la transmisión cultural, el vínculo con otros y el deseo de conocer.

En diálogo con Y de repente la noche, Frigerio sostuvo que el actual escenario constituye un tiempo “adverso para la educación en general y adverso para la transmisión”. Y planteó una hipótesis que, según aclaró, comparte con investigadores de distintas disciplinas: “Estamos ante un retroceso de algo propio de la condición humana, que es el deseo de saber”.

Para la especialista, la pérdida de curiosidad y de interés por conocer no puede analizarse exclusivamente dentro de las instituciones educativas. Hay transformaciones sociales y económicas que inciden sobre la manera en que las personas se vinculan con el conocimiento y con los demás.

Del deseo de saber al debilitamiento del lazo social

Frigerio vinculó este proceso con las transformaciones producidas por el capitalismo contemporáneo y con la aceleración de los procesos tecnológicos. En ese marco recuperó la noción de “capitalismo pulsional”, utilizada por algunos pensadores para describir un sistema que deja en segundo plano dimensiones como la ética, el cuidado y la construcción de vínculos.

Según explicó, esa dinámica tiene consecuencias sobre el lazo social. “La pulsión de muerte no quiere decir salir a matar. Quiere decir algo que desune, que rompe, que fragmenta, que separa”, señaló.

Cuando esa trama se debilita, también se modifica la relación con el conocimiento. Las escuelas, universidades y otras instituciones educativas reciben los efectos de esa fragmentación, aunque Frigerio destacó que allí también existen experiencias capaces de sostener vínculos y abrir posibilidades.

“Encontrás en las escuelas y en las universidades esfuerzos extraordinarios para poder sostener, en tiempos adversos, unas tramas, unas relaciones, unos sostenes que sigan tentando a la gente a explorar lo desconocido”, afirmó.

Reconocimiento y conocimiento

Uno de los conceptos centrales de la entrevista fue el de reconocimiento. Para Frigerio, existe una relación directa entre ser reconocido como sujeto y desarrollar una disposición hacia el conocimiento.

“Cuando no hay reconocimiento, se cierra la puerta de entrada al conocimiento”, sostuvo. Desde esa perspectiva, los debates centrados exclusivamente en las evaluaciones, los resultados o el rendimiento pueden terminar ocultando un problema de mayor profundidad.

La investigadora cuestionó, además, aquellas políticas que producen desvalorización de determinados grupos sociales. A su entender, detrás de ciertas formas de medir y clasificar puede aparecer también una lógica de control y desprestigio.

La discusión educativa, por lo tanto, no debería limitarse a determinar cuánto sabe un estudiante o cuáles son los resultados de una prueba. También debería preguntarse qué condiciones sociales permiten que alguien quiera aprender, sea reconocido por otros y pueda proyectarse hacia lo desconocido.

El Estado y la construcción de lo común

La dimensión política aparece de manera central en el análisis de Frigerio. Para la educadora, hablar de educación implica necesariamente discutir qué tipo de sociedad se pretende construir y qué papel tiene el Estado en esa tarea.

“El modo de habitar” el Estado, sostuvo, conduce a la posibilidad de construir sociedad, mientras que su ausencia puede contribuir a la disolución de los lazos sociales.

Frigerio reivindicó así la función estatal como garante de una existencia común y vinculó esa tarea con una idea de justicia intergeneracional. En ese punto recuperó una expresión de Hannah Arendt para referirse a las nuevas generaciones como “los recién llegados”.

“Es curioso que se sacrifique justamente a lo que Hannah Arendt llamaba ‘los recién llegados’, las nuevas generaciones”, señaló.

Desde su perspectiva, la discusión sobre educación forma parte de una disputa más amplia por las condiciones de vida de quienes llegan a un mundo que ya existe. Por eso planteó la necesidad de políticas públicas articuladas en materia educativa, sanitaria, habitacional, laboral y de cuidados.

“Estamos frente a una remodelación muy profunda que ameritaría políticas educativas de reconstrucción de lo público, de reinstalación de esa figura garante del Estado, de preocupación por lo común”, afirmó.

“No es que no haya una política educativa”

Frigerio también se refirió a las decisiones actuales en materia educativa y rechazó interpretar el escenario simplemente como una ausencia de política.

“No es que no haya una política educativa. Puede haber una política educativa que tiene ciertos propósitos, ciertos objetivos que no compartimos, pero no es su ausencia: es su disimulación y su desjerarquización”, sostuvo.

En ese marco señaló que la educación perdió centralidad dentro de la estructura estatal y cuestionó la falta de una discusión pública sostenida sobre sus objetivos.

“Ya no tenemos ministerio, tenemos algo que casi no se escucha”, afirmó, al tiempo que reclamó políticas capaces de recuperar la preocupación por “un mundo común posible, un mundo común respetuoso”.

Una conversación que falta

Uno de los puntos más contundentes de la entrevista fue su crítica a la manera en que actualmente se discute la educación.

Frigerio sostuvo que existe una proliferación de juicios sobre la escuela, los docentes y los estudiantes, pero una disminución de los espacios destinados a pensar colectivamente qué significa educar.

“Sobre educación se conversa poco”, afirmó. Y agregó: “Se juzga, se prejuzga, se castiga, se desdeña, se humilla, pero no se piensa”.

Para la investigadora, volver a conversar sobre educación implica recuperar una dimensión política que excede las discusiones coyunturales. Se trata de discutir qué conocimientos se consideran valiosos, qué vínculos se quieren construir y qué responsabilidad asume una sociedad frente a las nuevas generaciones.

La escuela frente a una demanda social creciente

En ese escenario, también puso el foco en la situación de los docentes, que deben afrontar dentro de las instituciones educativas demandas que exceden la enseñanza: problemas sociales, económicos, culturales y sanitarios.

Frigerio vinculó esa sobrecarga con una tendencia a desconocer al otro como sujeto. Docentes, estudiantes, personas mayores o personas con discapacidad aparecen, en ese esquema, como sujetos cuya existencia puede ser ignorada.

Frente a esa situación, reivindicó las prácticas cotidianas de quienes continúan sosteniendo la transmisión en contextos adversos.

“Hay mucha gente que cotidianamente, en muchos lugares de nuestro país, lleva a cabo una tarea extraordinaria sosteniendo la transmisión, inscribiendo a los otros, reconociendo a los otros, renunciando a humillarlos”, afirmó.

Para Frigerio, esas experiencias tienen un valor político que no debería quedar invisibilizado.

La “pasión por lo posible”

Hacia el final de la entrevista, la educadora recuperó una expresión de Hugo Mujica: Pasión por lo posible. La utilizó para referirse a quienes sostienen prácticas educativas aun cuando las condiciones parecen adversas.

“La pasión por lo posible no es una cuestión de delirantes, idealistas o utópicos”, explicó. Es, en su interpretación, la disposición a no aceptar como definitiva una frontera que otros presentan como imposible.

Frigerio cerró con una referencia directa a los educadores y educadoras que continúan trabajando en ese sentido: “Hay muchos educadores y educadoras que todos los días van a sus lugares de trabajo habitados por la pasión por lo posible”.

 

  • Directora

    Es periodista y licenciada en Comunicación Social, editora en género y derechos humanos.

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