El nuevo juicio contra Néstor Roberto Pavón comenzó en Gualeguay con posiciones contrapuestas entre la acusación y la defensa. Los testimonios de su madre y las amigas de Micaela reconstruyeron sus últimas horas, su compromiso social y el impacto de su femicidio. La investigación policial aportó registros de cámaras y recorridos del Renault 18. En la segunda audiencia, Sebastián Wagner, condenado a prisión perpetua por el crimen, afirmó que Pavón participó de la captura de la joven y lo señaló como responsable del crímen.
El femicidio de Micaela García volvió a ocupar el centro de la escena judicial en Gualeguay. El jueves 29 de octubre comenzó un nuevo juicio contra Néstor Roberto Pavón, acusado de haber participado como coautor del abuso sexual y el asesinato de la joven, ocurrido el 1 de abril de 2017. Las dos primeras jornadas estuvieron atravesadas por la reconstrucción de aquella madrugada, los recuerdos de quienes compartieron la vida con Micaela, las pruebas reunidas durante la investigación y, especialmente, el testimonio de Sebastián Wagner, condenado a prisión perpetua por el crimen, quien involucró directamente a su antiguo empleador.
El debate tiene como punto central determinar qué intervención tuvo Pavón en los hechos. La fiscalía y la querella sostienen que actuó junto con Wagner desde la captura de Micaela hasta el desenlace fatal. La defensa, en cambio, afirma que Pavón regresó a su domicilio después de compartir una cena con Wagner y que este último actuó por cuenta propia.
La primera jornada comenzó con dos decisiones del tribunal que marcaron el desarrollo del proceso. Por un lado, se admitió la declaración de Wagner en calidad de testigo, pese a la oposición de los abogados defensores, que cuestionaron su interés en el resultado del juicio por encontrarse condenado por el mismo femicidio. El presidente del tribunal, Santiago Brugo, explicó que la defensa no había demostrado cuál sería ese interés concreto y que sus dichos podrían ser sometidos a un contrainterrogatorio y valorados junto con el resto de las pruebas.
Por otra parte, los jueces resolvieron diferir hasta el momento de la sentencia el planteo de la defensa sobre una posible vulneración del principio de non bis in idem, que impide juzgar dos veces a una persona por el mismo hecho. Los abogados de Pavón sostienen que su defendido ya fue juzgado y que no corresponde someterlo nuevamente a un proceso penal.
Dos hipótesis sobre la participación de Pavón
En los alegatos de apertura, la fiscal Maite Burruchaga y el abogado querellante Marcelo Boeykens, uno de los representantes legales de Andrea Lescano y Néstor García, padres de Micaela, plantearon que Pavón tuvo una intervención conjunta con Wagner y que su responsabilidad debe analizarse a partir de una valoración integral de las pruebas.
La acusación sostiene que ambos interceptaron a Micaela cuando caminaba por Gualeguay durante la madrugada del 1 de abril de 2017, la obligaron a subir al Renault 18 Break y la trasladaron hasta las proximidades del balneario Paso de Alonso, donde fue abusada sexualmente. Luego, ante la resistencia de la joven y con el propósito de garantizar la impunidad, la asesinaron mediante compresión mecánica del cuello y ocultaron su cuerpo en una zona rural.
Burruchaga anticipó que buscará acreditar la coautoría de Pavón mediante testimonios, pericias, informes autópsicos, registros audiovisuales, comunicaciones telefónicas y elementos secuestrados durante la investigación. La fiscalía adelantó que solicitará prisión perpetua si se demuestra su responsabilidad.
Boeykens puso el acento en la necesidad de establecer quién acompañó a Wagner y cuál fue su intervención concreta. Recordó que la condena del autor material está firme, pero que el proceso debe determinar la participación del acusado a partir de la prueba producida en el debate. También planteó que la perspectiva de género debe orientar la valoración de la evidencia, sin modificar los estándares probatorios ni presumir la responsabilidad penal.
«No se juzgan perfiles, se juzgan conductas», sostuvo el querellante, al cuestionar que se utilicen la condición de trabajador, comerciante y padre de familia de Pavón para descartar su posible participación. Y sintetizó la hipótesis de la acusación con una afirmación: «Sebastián Wagner no actuó solo».
La defensa, representada por Edwin Henry Valenzuela Rojas y Ramón Elías Salto, sostuvo que Pavón no intervino en el crimen. Según su reconstrucción, después de compartir una cena con Wagner en el comedor La Terraza, entre las 3.40 y las 3.50, regresó a su casa de las 60 Viviendas junto a su hijo Valentino. Antes le habría entregado a Wagner las llaves de uno de sus lavaderos para que pudiera pasar la noche allí. Los abogados anticiparon que presentarán testimonios para respaldar esa versión y solicitarán la absolución.
Micaela, sus últimas horas y una comunidad movilizada
Las primeras declaraciones testimoniales devolvieron al juicio la dimensión humana de una historia que, nueve años después, sigue atravesando a Gualeguay y a la sociedad argentina.
Carla Churruarín y Jessica Tronco, amigas y compañeras de Micaela en el profesorado de Educación Física, reconstruyeron las horas previas a su desaparición y describieron a la joven de 21 años como una persona activa, solidaria, comprometida con las causas sociales y con una marcada militancia feminista.
Churruarín compartía la vivienda con Micaela y recordó que la última vez que la vio fue entre las 4 y las 5 de la madrugada del 1 de abril, después de haber estado juntas en el boliche King. Reconoció ante el tribunal el short y una de las sandalias que llevaba su amiga esa noche y que fueron incorporados como evidencia en la investigación.
También contó que la alarma se encendió cuando el entonces novio de Micaela preguntó por ella, porque debía viajar a Colón y no había llegado. En su habitación encontraron preparado el bolso para ese viaje. A partir de allí comenzó una búsqueda que involucró a compañeros, vecinos y familiares .
Jessica Tronco aportó detalles sobre la relación de confianza que mantenía con Micaela y explicó que la falta de respuestas a sus mensajes y llamadas le resultó completamente inusual. Esperaban que viajara a Concepción del Uruguay junto con otra compañera, pero no tuvieron noticias de ella.
Su testimonio permitió reconstruir la dimensión de la movilización que se produjo desde las primeras horas. Para el mediodía del sábado, recordó, la plaza ya estaba llena de personas que ofrecían vehículos, alimentos y ayuda para buscarla. La desaparición se difundió rápidamente por redes sociales y llegó a distintas provincias.
Las dos amigas también hablaron de la trayectoria de Micaela. Tronco recordó su participación en los espacios feministas de Concepción del Uruguay y su papel en la difusión de Ni Una Menos en Gualeguay. «Fue una de las primeras que trajo a Gualeguay lo que es Ni Una Menos», afirmó. También destacó su trabajo comunitario en Villa Mandarina, donde colaboraba con niñas, niños y familias que atravesaban situaciones de vulnerabilidad.
«Para mí fue como un antes y un después lo que pasó con Mica», expresó al describir las consecuencias del femicidio. Ambas testigos contaron que necesitaron asistencia psicológica y que el crimen modificó las prácticas cotidianas de cuidado entre las mujeres: avisarse al llegar a destino, compartir información sobre los vehículos en los que viajaban y mantenerse comunicadas.
La declaración de Andrea Lescano, la madre de Micaela, también estuvo atravesada por el dolor de volver a escuchar y reconstruir las circunstancias del crimen. «Quiero saber quién le quitó la vida a mi hija» afirmó.
Las cámaras y el recorrido del Renault 18
La primera jornada también tuvo una extensa exposición técnica a cargo de Roberto Galeano, el policía que participó de la investigación y realizó el relevamiento de cámaras de seguridad, fotografías y documentación para reconstruir los movimientos de un Renault 18 Break verde durante la madrugada y la mañana del 1 de abril de 2017.
Galeano detalló los registros obtenidos en distintos puntos de Gualeguay, desde el barrio Hipódromo y la avenida Perón hasta la ruta 12, la zona de chacras y el acceso al balneario Paso de Alonso. Explicó cómo se organizaron los informes policiales de los primeros días y cómo se incorporaron imágenes aportadas por bancos, comercios y particulares.
Entre los registros mencionó una filmación de las 9.24, cuando el vehículo fue captado sobre avenida Presidente Illia con la tapa del baúl abierta. «En las filmaciones se ve claramente que por detrás o por delante el auto va siguiendo el mismo recorrido que Micaela va haciendo», afirmó.
El investigador también precisó las limitaciones de esos registros: la calidad de algunas imágenes no permitió establecer cuántas personas viajaban en el automóvil ni identificar a sus ocupantes, incluso después de los intentos de mejorarlas técnicamente, pero sí su exposición permitió conocer el trabajo de reconstrucción realizado durante la investigación, los recorridos constatados y los alcances de la evidencia audiovisual que ahora vuelve a ser examinada en el nuevo debate.
Wagner señaló a Pavón: «Yo no la maté»
La segunda jornada tuvo un protagonista central: Sebastián Wagner. El hombre condenado a prisión perpetua por el femicidio declaró durante buena parte de la audiencia y reconstruyó su relación con Pavón, la captura de Micaela, el traslado, el asesinato y el posterior abandono del cuerpo.
Wagner explicó que trabajaba como changarín en el lavadero de camiones de Pavón mientras se encontraba bajo el régimen de libertad condicional. «Lo conozco, sí. Era mi patrón de trabajo», respondió cuando le preguntaron por el acusado.
Sobre la noche del crimen, relató que había trabajado durante el día y que después salió a comer con Pavón. Describió el consumo de cocaína, alcohol y psicotrópicos, y sostuvo que esa combinación había afectado su estado de conciencia. La referencia a esas sustancias reapareció durante el interrogatorio de la defensa, que buscó establecer las diferencias entre sus declaraciones anteriores y el relato que estaba ofreciendo ante el tribunal.
El pasaje más relevante llegó cuando describió cómo interceptaron a Micaela. Según Wagner, Pavón conducía el Renault 18 y, al verla caminar, detuvo el vehículo y le ordenó que la agarrara. «Vimos a la chica caminando y paró el auto y me dice: ‘Agarrála’. Y salí y la agarré y no podía, me revolvió para todos lados y no podía… Y se bajó él y me ayudó él», declaró.
Después insistió en que ambos participaron de la captura: «Agarramos a Micaela entre los dos». Dijo que la subieron por el lado del acompañante y que durante el traslado Pavón habría utilizado un objeto punzante, que identificó alternativamente como un destornillador o un cuchillo, para amenazarla e impedir que se defendiera.
Cuando le preguntaron cómo había podido resistirse Micaela, respondió: «¿Cómo se va a defender si no se podía defender? Éramos dos».
La acusación más directa contra Pavón apareció al referirse al abuso sexual y al asesinato. Wagner afirmó que su antiguo empleador había abusado de la joven y que lo vio estrangularla con sus propias manos. Sobre su propia participación en el abuso, sostuvo que no podía precisar qué había ocurrido porque se encontraba en un estado crítico.
«Yo no la maté», afirmó. También reconoció su responsabilidad penal y se definió como asesino: «Yo estoy pagando lo que hice. Yo soy un asesino». Dijo estar arrepentido y que había concurrido a la audiencia para pedir perdón.
El cuerpo, las contradicciones y el temor por su vida
Wagner también relató cómo trasladaron el cuerpo de Micaela en el Renault 18 hasta la zona rural donde fue abandonado. En ese tramo volvió a involucrar a Pavón y describió las dificultades que tuvieron cuando el vehículo quedó atascado en una huella de tractor.
«Se enterró el auto. ¿Y qué pasó ahí? Y lo sacamos entre los dos. Pero ¿cómo hago para sacar el auto yo solo?», planteó. Consultado sobre qué habían llevado en el vehículo, respondió: «El bulto más grande, el cuerpo de Micaela llevamos en el auto».
Además, sostuvo que después del crimen Pavón le recomendó abandonar Gualeguay, le dio dinero y facilitó su traslado en un camión conducido por un conocido. «Mejor que te vayas», recordó que le había dicho.
El contrainterrogatorio de Salto y Valenzuela Rojas se concentró en su relación con Pavón, el uso del Renault 18 y las diferencias entre sus declaraciones actuales y las anteriores. Wagner respondió que entonces no estaba en sus cabales y que ahora podía expresarse con mayor claridad: «Ahora estoy hablando coherente y estoy bien».
El intercambio tuvo momentos de tensión. El testigo manifestó que algunas preguntas buscaban confundirlo y alterar su estado emocional. Ante dos afirmaciones que los defensores le atribuyeron, el presidente del tribunal intervino para advertirles que el testigo no había dicho aquello que sostenían. Brugo recordó que debían ajustarse al artículo 145 del Código Procesal Penal, que establece pautas de lealtad, probidad y buena fe en el ejercicio de los derechos procesales.
Otro tramo de su declaración estuvo referido a las agresiones que aseguró haber sufrido durante su detención. Dijo que recibió golpes y heridas de arma blanca y que tenía temor por su vida después de aceptar declarar. También afirmó que otros internos le habían advertido que Pavón pagaba para que lo asesinaran. «Que no me manden a matar», pidió ante el tribunal.
Un debate que deberá confrontar las pruebas
Las dos primeras jornadas dejaron planteados los principales ejes del nuevo juicio. La fiscalía y la querella sostienen que Pavón participó funcionalmente en el secuestro, el abuso sexual y el femicidio de Micaela. La defensa afirma que no estuvo en la escena y que Wagner actuó solo.
La declaración del hombre condenado introdujo una acusación directa sobre momentos centrales de la secuencia criminal: la captura, el traslado, el abuso sexual, el estrangulamiento y el descarte del cuerpo. Sus dichos deberán ser confrontados con las pruebas documentales, periciales y testimoniales, así como con las contradicciones que señaló la defensa respecto de sus declaraciones anteriores.
A nueve años del femicidio, el nuevo proceso vuelve a poner en discusión una pregunta que quedó abierta en la investigación y en los anteriores pronunciamientos judiciales: cuál fue la participación de Néstor Pavón en el asesinato de Micaela García. La respuesta deberá surgir de la valoración integral de la prueba que se produzca durante el juicio.
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