La Asociación Civil Arbolado advierte que la amputación de raíces y su exposición al sol ponen en peligro la supervivencia de los ejemplares y la seguridad pública. La obra de la gestión de Rosario Romero reabre una discusión que Paraná ya vivió con el ensanche de calle Racedo.
La remodelación de calle 25 de Mayo, que lleva adelante la gestión de la intendenta Rosario Romero, empezó a generar preocupación por su impacto sobre el arbolado público de Paraná. La Asociación Civil Arbolado advirtió que el manejo de los lapachos del centro provoca un daño biológico grave y compromete tanto la vida de los árboles como la seguridad de los vecinos.
Qué advierte la Asociación Civil Arbolado
Según la entidad, en plena etapa reproductiva los lapachos sufrieron la amputación de raíces y quedaron sin resguardo. Las raíces necesitan humedad, oscuridad y temperaturas moderadas para absorber nutrientes. Dejarlas expuestas al sol directo y al calor primaveral durante la floración, el momento de mayor exigencia energética del árbol, genera un estrés térmico e hídrico que atenta contra su vida.
A esto se suma un riesgo para las personas. Cortar raíces de gran porte, que forman el anclaje estructural del árbol, amenaza la seguridad pública porque aumenta la posibilidad de caídas ante fuertes tormentas.
La organización no rechaza la obra en su totalidad. Valoró el nuevo diseño de cazuela única, común y continua, porque mejora la infiltración de agua, la aireación del suelo y la biodiversidad edáfica. Su cuestionamiento apunta a los errores técnicos en la ejecución.
Por eso pidió al Municipio y a la empresa ejecutora medidas inmediatas: tapar e hidratar de urgencia el sistema radicular y detener la mutilación hasta evaluar la estabilidad de los ejemplares «antes de que sea tarde». Recordó además que, en un entorno urbano dominado por el cemento, el cableado y la retención de calor, el arbolado de alineación es una infraestructura verde indispensable para proveer aire puro, sombra y mitigación ambiental.

Lo que plantea el Municipio
Los trabajos comenzaron el 5 de agosto de 2026. La intervención abarca cinco cuadras del tramo de doble mano y avanzará a razón de una por mes, con una duración estimada de cinco meses. Arrancó entre 9 de Julio y Monte Caseros, por la acera norte, para continuar luego por la sur. La obra se financia íntegramente con fondos municipales.
El secretario de Planificación e Infraestructura, Eduardo Loréfice, explicó que la idea es «recomponer el espacio verde, el arbolado, la forestación en todo el sector» y mejorar la accesibilidad con la reparación de veredas. Entre los puntos centrales figura la construcción de dársenas para colectivos, que liberarán un carril de circulación, sobre todo en la mano de salida del área central.
El proyecto incluye además:
- espacios verdes lineales en ambas aceras y un nuevo corredor verde urbano;
- contención de los árboles existentes y más superficie verde para nuevas especies;
- reparación integral de veredas y rampas de hormigón para los ingresos vehiculares;
- cambio completo de los desagües pluviales;
- nuevos refugios para el transporte público, cestos de residuos y bancos.
No se prevén cortes totales de tránsito, aunque podría haber interrupciones parciales y reducción de la calzada durante la construcción de las dársenas.

Un arbolado que ya venía golpeado
La preocupación no surge en el vacío. El arbolado público de Paraná ya venía afectado por la pérdida de ejemplares que, según se denuncia, no fueron repuestos en los últimos años. En ese contexto, cada intervención sobre los árboles que quedan pesa más.
El antecedente de calle Racedo
El conflicto recuerda al ensanche de calle Racedo, durante la gestión del entonces intendente Adán Bahl. En marzo de 2021, el Superior Tribunal de Justicia rechazó el amparo ambiental presentado por el Foro Ecologista contra la Municipalidad y revocó la resolución del vocal Hugo González Elías, que había permitido la continuidad de la obra pero impedía la tala indiscriminada de árboles.
Tras el fallo, los vecinos protestaron sobre avenida Ramírez con carteles que decían «No al ensanche de Racedo. Bahl no te metas con nuestros árboles». Denunciaron que la obra ponía en riesgo alrededor de 100 árboles en apenas tres cuadras. La vecina Silvina Grubber planteó que se sentían desprotegidos como ciudadanos y que debían ser escuchados. María José Leyes remarcó que no estaban en contra del progreso, sino de que las obras se hicieran a costa de los árboles, y cuestionó que se hubieran prometido desagües y cloacas que no figuraban en el proyecto.
Para los vecinos, el reclamo no fue escuchado: la obra y las empresas se impusieron sobre las voces del barrio. Desde el Foro Ecologista, Daniel Verzeñassi anticipó que no apelarían ante la Corte Suprema.
Una lección pendiente
Racedo y 25 de Mayo son obras distintas, con proyectos y objetivos diferentes. Pero comparten una pregunta de fondo: cómo se concilia la modernización del espacio público con la protección del arbolado, y quién tiene voz cuando se toman esas decisiones. Esta vez, las advertencias llegan mientras la obra está en marcha. Todavía hay margen para corregir el rumbo, si el Municipio decide escuchar antes de que el daño sea irreversible.












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