Microplásticos en el Paraná: lo que respira, bebe y recibe el río

Un hallazgo en la Antártida y otro en el granizo de Funes volvieron a poner el tema en agenda. Pero el dato que más cerca nos toca se mide en Paraná: la ciudad vuelca cada día unos 195.000 millones de partículas al río. El investigador del CONICET Martín Blettler, del Instituto Nacional de Limnología (INALI, CONICET-UNL), explica qué se mide en la región, qué no se sabe todavía y qué falta hacer.

Hay noticias que llegan de lejos y obligan a mirar hacia adentro. En las últimas semanas, un equipo de la Universidad de Cádiz confirmó microplásticos en todas las playas muestreadas de Isla Decepción, en la Antártida, y tres laboratorios detectaron partículas plásticas, junto con metales y otros elementos, en granizo caído en Funes, Santa Fe. Son dos señales de una misma realidad: la contaminación plástica está en el aire, en la lluvia y en el agua, incluso donde no hay ciudades.

Para Martín Blettler, biólogo e investigador del CONICET que desde hace años estudia, junto a su equipo, la contaminación plástica en el río Paraná, la pregunta importante es qué ocurre en el territorio donde vivimos. Y ahí, sostiene, ya hay mediciones propias.

Martin Bletter

El contexto, en breve

En la Antártida, los investigadores confirmaron 69 microplásticos entre 113 partículas seleccionadas, con concentraciones de entre 2,22 y 31,09 partículas por kilogramo de sedimento. El polietileno y el PVC fueron los polímeros predominantes. Los autores aclaran que el estudio es preliminar y que los niveles son menores que los de playas urbanas.

En Funes, el análisis del granizo es igualmente preliminar. Detectó microplásticos, pero los informes advierten que ese dato por sí solo no permite saber de dónde provienen las partículas ni descubrir si hubo alguna intervención sobre las nubes.

Blettler no se sorprendió con ninguno de los dos. «Ya vienen desarrollándose este tipo de estudios», dijo sobre la Antártida, donde las primeras detecciones de baja concentración datan de 2017 y 2018. Y sobre el granizo: «Era esperable. Arrastra las gotas de agua y, a medida que se forma y cae, arrastra también los microplásticos presentes en la atmósfera». Su conclusión es que estamos ante «un contaminante global, finamente distribuido por todas las circunferencias del globo. Ya no hay dudas de eso».

Tres caminos explican esa dispersión: el agua, el aire y las fuentes locales. Entre estas, el investigador destaca las microfibras que se desprenden de la ropa, ya que buena parte de los textiles actuales es plástico. Hasta acá, el panorama global. Lo que sigue es lo que se mide en la región.

El aire de Paraná

Desde hace dos o tres años, el equipo estudia los microplásticos atmosféricos, es decir, los que flotan en el aire. Según Blettler, en términos medios encontraron entre 10 y 20 partículas por metro cúbico, y las hallaron tanto en ambientes abiertos como cerrados. «Los estamos inhalando a diario», resume.

Ese dato, sin embargo, tiene un límite que el científico explicó con claridad: todavía no está medido cuántas partículas inhala una persona. Es el próximo paso que el grupo espera dar. Lo que sí afirma, con base en estudios de otras universidades y países, es que los microplásticos se han encontrado en prácticamente todos los órganos del cuerpo humano.

La lluvia sobre la ciudad

El equipo también midió microplásticos en el agua de lluvia, en distintos sectores de la ciudad de Paraná, con el apoyo de la Fundación Cauce. Compararon días con lluvia y días sin lluvia y encontraron una diferencia: no muy grande, pero real.

La interpretación es sencilla. La gota arrastra las partículas suspendidas en el aire y las deposita en el suelo. Es el mismo mecanismo que, a otra escala, explica lo ocurrido con el granizo en Funes. Que el fenómeno se repita en distintos puntos de la ciudad confirma, dice Blettler, la presencia de microplásticos en el aire urbano.

¿Es mucho o es poco? No hay un baremo. «Por ser un contaminante emergente, no tenemos niveles seguros de concentración, como sí los tenemos con otros contaminantes, donde hay un número límite, una línea que uno puede trazar». Lo único posible hoy es comparar con otras ciudades, y los valores de Paraná resultaron similares a los de São Paulo. A eso se suma que los protocolos de medición todavía están en desarrollo, de modo que no hay una fuente confiable de comparación. «Estamos recién cortando el aire, empezando la temática a nivel global y, particularmente, a nivel local», describe.

Por eso propone un criterio de sentido común: «Cualquier partícula de microplástico en el aire que respiramos está de más. Está en el lugar donde no debe estar».

El río: agua, sedimentos y fauna

El Paraná es el eje de las investigaciones. El equipo tiene mediciones de microplásticos en el agua del río, en sus sedimentos y en la biota nativa, es decir, en los organismos que viven en él.

La cifra más contundente surge de un trabajo internacional: según Blettler, la ciudad de Paraná arroja, en términos medios, unos 195.000 millones de microplásticos por día al río. Él mismo pidió repetirla durante la entrevista.

Para llegar a ese número, un equipo en colaboración con colegas franceses y con personas de la UNL realizó mediciones hidráulicas muy detalladas y contó microplásticos en toda la columna de agua. Midieron aguas arriba y aguas abajo de la ciudad, y la diferencia entre ambos valores permite estimar cuánto inyecta la ciudad por sí sola.

Para dimensionarlo: 195.000 millones por día equivalen a más de 2,2 millones de partículas por segundo y a unos 71 billones por año, si se mantuviera el valor medio. Son cuentas de la redacción a partir del dato del científico, y conviene recordar que se trata de un promedio, no de una medición fija.

Años atrás, recordó el periodista durante la charla, las primeras entrevistas sobre el tema ya hablaban de grandes concentraciones de microplásticos en la costa. Hoy, aclara Blettler, no tiene «información positiva» para ofrecer: los datos nuevos confirman la dimensión del problema.

Qué le puede pasar al cuerpo

El científico fue prudente: lo que sigue es lo que se conoce hoy, y es esperable que aparezcan efectos nuevos, porque el tema es reciente.

Por inhalación, los microplásticos pueden provocar inflamación pulmonar y agravar patologías como el asma.

Por ingesta involuntaria, pueden generar estrés oxidativo y respuestas inmunitarias locales dañinas al acumularse en los tejidos.

Disrupción endocrina, el efecto mejor documentado. Se debe sobre todo a los aditivos químicos que se agregan al plástico, como ftalatos y bifenoles, que interfieren con el sistema hormonal, alteran el metabolismo y pueden afectar la salud reproductiva.

En el sistema digestivo, pueden desequilibrar la flora intestinal, aumentar la permeabilidad de la mucosa y alterar el sistema inmune.

Estos efectos dependen siempre de la concentración, del tipo de polímero y de la forma y tamaño de la partícula. Los nanoplásticos, más pequeños todavía, se estudian con intensidad creciente y son muy heterogéneos entre sí, por lo que los daños pueden variar mucho. Además, el impacto no se limita a las personas: toda la biodiversidad está expuesta.

Una ciudad, un río, una región

Los datos de Paraná tienen una lectura que va más allá de la capital provincial. El río que recibe esa carga atraviesa y abastece a otras ciudades de Entre Ríos y de Santa Fe, y sus sedimentos y su fauna ya muestran presencia de microplásticos. La información disponible en las mediciones citadas corresponde a la ciudad y al río, y no se ha detallado todavía para otras localidades entrerrianas, lo que marca una línea de trabajo pendiente.

Por eso, para Blettler, el aporte local importa tanto como el global. Si buena parte de los microplásticos proviene de fuentes cotidianas, como las fibras textiles, el aire interior y los residuos urbanos, la gestión local de residuos y de aguas residuales aparece como un terreno de acción posible, aunque el científico no se detuvo a proponer medidas específicas.

Ciencia sin fondos, políticas que faltan

La conversación terminó con una reflexión política. Quien conducía la entrevista señaló que lo que falta son políticas de Estado para reducir la presencia de estos contaminantes. Blettler coincidió y defendió el conocimiento «basado en evidencia empírica, en replicabilidad y en autocorrección» como única base para políticas acertadas.

También describió las dificultades del contexto: sostuvo que desde niveles de alta jerarquía política se trata a la ciencia y a los investigadores como terroristas, y que se trabaja sin fondos económicos. «Sin embargo, aquí estamos, porque es lo que sabemos hacer», dijo. Su apuesta es que una sociedad más informada pueda exigir más.

Lo que falta saber

  • Cuántos microplásticos inhala y traga efectivamente una persona en Paraná.
  • Qué niveles son seguros para la salud, algo que hoy no tiene referencia.
  • Cómo se comparan los valores de Paraná con los de otras localidades del río.
  • De dónde proviene cada tipo de partícula, tanto en el aire como en el agua.

Mientras tanto, el hallazgo en la Antártida y el de Funes funcionan como espejo. La diferencia es que, en el caso del Paraná, las cifras no son una hipótesis, son una medición. Y está a la vista de todos.

  • Director Periodístico

    Director Periodístico. Fernando Miguez, periodista con más de 40 años en los medios de Entre Ríos y Argentina

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